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Pantallazo
21 octubre, 2014

El mundo que construimos hoy es el que les dejaremos a nuestros hijos mañana y a pesar de que muchos creamos que ya no hay vuelta atrás, solo por ellos vale la pena intentar cambiarlo y mejorarlo.

A través de un experimento social se realizó una pregunta muy similar a un grupo de padres e hijos: cómo se imaginaban el futuro del mundo.

La generación más mayor, la de los padres, se mostró entonces desesperanzada. La gran mayoría confesó que el mal que se ha hecho a la sociedad y al planeta es irreparable y que no había modo de solucionarlo.

Por el contrario, los niños se mostraron mucho más positivos, dispuestos a alcanzar sus sueños y sus metas y dándonos una gran lección: todavía estamos a tiempo de cambiar, sobretodo si es por ellos.

Tenemos mucho que aprender de los niños, sobretodo por lo que respecta a su positividad y a su fe en el futuro.